Más solo que nunca más fuerte que siempre

Llevo muchos días pensando que así como estoy, así como me siento, así tan solo y triste no había estado ni siquiera en la adolescencia. ¿Tanto? ¡No!

Y he rumiado tanto este texto que a veces lo veo claro pero no tengo tiempo para teclearlo, o como hoy, que tengo tiempo y afuera llueve y aún estoy roto pero no me sale lo que tanto había pensando.

¡A ver!

Hace ya un mes larguito no hablo ni me veo ni saludo a mi papá. Hace un mes largo él le gritó a mi madre, que recién le había dicho (después de esperarlo durante años mientras vivía con otra) que ahora sí se iban a divorciar: “¡Yo sé que mis hijos me juegan la doble!”. Todavía no sabemos qué significa lo que quiso decir, pero sí sabemos que no merece ni nuestro saludo ni nuestros buenos días o tardes o noches. Ni él nos llama ni nosotros (tres hermanos que somos) lo hacemos. Por ahora no nos necesitamos, estamos de ambos lados muy dolidos y somos muy orgullosos.

Lo que es triste, es que en el momento que más nos necesitábamos, nos abandonamos, o nos desconectamos por lo menos.

Yo ando en la peor época de mi puta vida. Y sin profundizar ni victimizarme, voy a dar un ejemplo de por qué estoy tan paila: La persona con la que viví muchos años (más de media década!), aprovechando que muchos amigos comunes y gente con poder la siguen en sus redes, comenzó una campaña de justicia, o como la llamo yo, de venganza. En su Twitter ha dicho cosas muy muy intimas de nuestra relación. Muchas cosas son verdades a medias o mentirotas completas. Pero dichas en pleno #MeToo y #Feminismo, masomenos me están acabando la vida poco a poco.

La cosa comenzó hace meses. La primera vez que leí sus “denuncias” me estuve como una hora en shock. Tuve mucha rabia y odio en mi ser, que como buen veneno recorrió mi cuerpo y comenzó a convencerme de lo hifueputa que fui. Luego, después de seguir viendo en vivo y en directo como los ataques iban en aumento, de tono y profundidad, me fui hundí en la depresión más terrible. Ya cuando el ruido fue llevado directamente donde nuestro mejor y más querido proveedor, me arrepentí de haber querido esa persona con tanta fuerza y durante tanto tiempo.

Mientras mi vida era derribada a pedazos, y la economía laboral amenazaba con caer culpa de mi vida intima, tuve la fuerza suficiente para no responder ni contraatacar. No dije nada. No lo he dicho. O sí, pequeños ruidos, más que quejidos son pequeños gritos de ahogo, pero nunca en tono de pelea o rectificación o aclaración. Ponerme al mismo nivel es caer en la trampa que prometí no volver a caer hace un año y cuatro meses: habitar una relación que confunde el amor con otras cosas.

Esta es la primera vez que hablo del tema y “respondo”. Y no creo que sea mucho ni sea polémico lo que voy a decir. Ya que me veo en el peor hoyo, sin amigos porque obviamente un hombre macho violento y peligroso no queda con nadie en su horizonte, y aún sin recuperarme económicamente, lo que me ha causado la depresión es volverme agradecido con los rayitos de luz y los aprendizajes que alcanzo a ver desde el suelo de este agujero. Decir “gracias” por patearme tanto y tan fuerte es irónico pero es sanador.

Yo no fui el hombre que mayor daño le he hecho, ni la golpee tan violentamente como otros, ni la ha gritado ni humillado en mayor proporción que otros. Yo sí me equivoqué, y mucho. Y en lo que más me equivoqué fue sobre todo en no acabar, costara lo que costara, esa relación tan fratricida. Tengo clarito una cosa: que di más amor y cariño y cuidado que los daños que ocasioné.

Pero sé también que soy el hombre que representa a todos sus hombres, y estoy aún a tiro de escopeta, y soy con quien puede vengarse de todo el mal que se le han hecho mientras ha estado en la faz de la tierra. Yo sé que estoy pagando los daños del género, y sé obviamente que puedo quejarme, llorar, demandar, pelear, rectificar, pero son actos poco valientes, o no tanto como sería donar mi prestigio y mi dignidad, y hasta mi vida, para ponerle fin a un ciclo y hacerme cargo de todo.

Es bueno decir que arruinarle el prestigio a quien nunca lo ha tenido, joderle la vida a un don nadie, camuflando de justicia lo que a todas luces es venganza, y todo en nombre del amor, no me parece nada maravilloso. Incluso pienso que arruinar una vida tan mínima es perder el tiempo, pero tiempo es lo que tienen algunos.

Ahora, en serio, estoy agradeciendo este dolor, esta rabia que ya mutó en resignación, porque este derrumbe de cosas me ha dejado sin ego, me destruyó el personaje, me ha condenado a volver a comenzar ¡Again! Nuevas rutas, nueva casa, otra forma de hacer deporte, distintas maneras de hacer las cosas, reaprender lo ya conocido, aceptar que soy lo que aprendí con ella (con ellas, mis exes), desechar lo que me estorba, botar lo que no era mío…

Decirlo es fácil, vivirlo es horrible. Muchísima gente que me conocía de antes y saben cómo soy, a pesar de eso, me mira con gaussian blur al 80 o 90%, en lo laboral perdí todo el peso y el respeto y me tratan como si fuese un aprendiz, en el amor todas me huyen como si tuviera peste negra, en la anímico tengo más ganas de morir que de vivir.

Aún así no me he dado por vencido. Solo, arruinado y sin horizonte, todavía me río cuando veo venir el metro a toda velocidad y pienso: sí después de esta crisis no me suicidé, nunca lo voy a hacer.

¡No!

A pesar de que a mi ex le dieran la oportunidad de ser mi verduga, lo sería, de que mi padre se confunde y en vez de pelear con su ex pelea con los hijos, y que mi socio seguro está mamado de mi y de mis problemas, y que el amor seguramente va a ser esquivo por lo menos durante un tiempo, digo: vale la pena seguir. Un ratico más.

Si, estoy más triste y más solo que nunca, solo que a diferencia de la adolescencia, ahora tengo un oficio que sé hacer, tengo dos o tres casitas donde dormir, tengo mi cerebro con un poquito de más sabiduría, y sobre todo, ahora entiendo que el amor hace mucho daño y sin embargo por amor estamos vivos: por amor mi padre y madre me concibieron. Por amor mi madre y mis familiares me cuidaron cuando no sabía valerme por mi mismo. Por amor muchas mujeres (entre amores y familiares) me han querido y protegido. Por amor fundamos una idea de negocio que aún mantenemos a pesar que no da sino perdidas. Por amor sigo vivo y quiero seguir estándolo. Y por amor a mi mismo hay que seguir hasta que se acabe el milagrito de la vida.

Sospecho que si la vida me está enseñando tanto es porque el ciclo de los próximos 20 años puede traer más proyectos, más amores, más viajes, más y mejores casas, más y otros amigos, mejores días y noches, distintas formas de sonreír. Esa es mi fe, y es mi mejor forma de ofrecer perdón.

Puede que también traiga la muerte y el desamor, claro que sí, pero tengo un palpito que lo que viene, sí salgo de este pantanero, es tan lindo que no se puede imaginar.

Confiemos. Esperemos. Anhelemos.

 

 

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