Vi un gato

Vi un gato atropellado en una de las calles de Castilla mientras subía en bicicleta para casa, a eso de las 11 de la noche. Estaba en la mitad de la vía, como cuando un bus amarillo te pisa cuando ibas a lograr pasar sin ningún rasguño. Vivía ya sus últimos estertores.

No debí verlo, porque me impactó mucho. Tampoco me detuve, las heridas eran tan inmensas que lo poco que hice fue seguir mi camino. Y lo hice llorando suavecito, mientras respiraba y trepaba la loma de la comuna. Le prometí que nos íbamos a ver al otro lado del jardín. Allá seguro me vas a ignorar gato bonito, pensé. Lo voy a reconocer porque era un gato blanco con manchas negras, y él me recordará cuando vea mi cara de nada, con churrusquitos, que habla mimado.

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