“¡Mira esa casa abandonada!”

El domingo oí, porque no los vi, a unos ricos pasar en sus caballos (a veces pasan en sus camionetas, que para este caso es lo mismo), y decían: “Mirá esa casa abandonada. ¡Apenas para comprarla!”

 

casa abandonada, carmen

Y yo estaba adentro de esa casa que desde su altura y posición social se veía derruida y descascarada. Yo estaba adentro, respirando y tratando de armar de nuevo mi vida, pero desde afuera se veía como una casa abandonada con puerta y ventanas abiertas, como sí hubiese sido dejada abierta a la carrera en una noche tormentosa y violenta. Yo estaba adentro, y me toco mi corazón y todavía palpita, ¡Sí! Y a pesar de estar y ser y soñar desde afuera mi casa se ve sola y en el techo tiene plantas que crecen a su libre albedrío y el pasto alrededor ya es alto y fuerte.

Los cascos de los caballos sonaban lejanos ya, y yo me quedé con la duda, sí es que creo estar bien y estoy mal, de creer que estoy flaco y lo que estoy es acabado, de parecer estar viviendo una casa y resulta que mis movimientos y sonidos indican que nadie vive ahí.

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