20 de septiembre, cómo estará Flóki

El sábado iba tranquilamente caminando por la vereda del Carmen, lo que significa que iba hablando solo o cantando bobadas, y en la oscuridad de la carretera veredal vi en la curva lejana a un gatico chirringuito que jugaba con el pasto que hace de cuneta. Normal. En la carretera siempre hay muchas animales, que te ladran, maullan y persiguen. Llegué hasta él, lo saludé, y le pregunté qué hacía por ahí tan chiquito y solo, y no me respondió. O sí, pues no huyó, y al contrario, cuando seguí caminando, me siguió. Y me siguió. Lo grabé un rato, y me seguía. En el caserío apeñuscado, donde hay perros y niños por montones, un niño lo agarró y le dio besitos y me recomendó con la voz endulzada que me lo llevará. “Eso voy a hacer”, le respondí al recibirle el gatico monito a rayas que maullaba pasito.

Le presenté la casa, le saqué las cocas y el agua y le ofrecí, y qué pecao, es de esos desnutridos que no han comido nada. Y cuando digo nada es ni leche.

Esperé un par de horas hasta que la dueña de la casa se presentará, y hablé con ella, y le dije que el gatico se llamaba… Flóki! (como el navegante loco vikingo) y que lo cuidara que él la iba a cuidar a ella cuando creciera. No le gustó ni cinco, obviamente. Les di wiskas, y otra vez el pobre recién llegado enloqueció con ese olor. Y ahí mismo me recomendó un gatico que compré con mi primera pareja en la Minorista, y estaba tan mal que murió tieso debajo de una nevera después de disfrutar alimento para gato humedecido. Tuve miedo otra vez que muriera, pero no, este es un desnutrido gordo. Seguro es gamín y andariego y se voló de su redil. O es loco y travieso y fue echado a la calle para que, como es de entrón, se ganará el pan con el sudor de su frente (la ternura).

Flóki

Aún pelea con las flores y se asusta con el viento y las sombras. Es un bebé. Y es un bien.

Hasta ayer que le escribí a la vecina, diciéndole que tenía todo, desde arena para gatos (nunca había comprado, pero este como no sabe que afuera se puede poposiar, lo hace en casa) y comida, que faltaba era que alguien le dijera que no estaba solo, que todo bien. Y sí, que aún está, que camina por ahí. Sí aguanta la soledad y la crueldad del vecindario, seguro Flóki podrá ser parte de la familia. Si no, pues qué se le va a hacer.

Pienso, como reflexión filosófica, es que hay un dios o un programador, que siente y sabe que estás solo, y aprieta un botón, y el algoritmo te manda un gatico perdido en la carretera. Y en vez de parecerte una mierda, lo tomas con una señal y te hace sonreír y gasta plata en comida y coca y arena. Eso.

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