31 de agosto, lo que he notado

La intensidad de escribir se fue reduciendo, no por las ganas que siempre hay, sino por los comentarios que durante seis años no me dejaron teclear mi vida volvieron, pero esta vez llegan desde lejos, y pretenden a control remoto impedir que cuente esto o coma aquello o haga lo otro. Creo que esta vez no se va a poder, pues seguiré escribiendo de lo que quiera y haciendo lo que yo mismo me permita. Que nos es mucho tampoco.

Y hoy quiero hablar de bombillos. Jódase quien se tenga que joder.

Bombillo blanco

Esta semana en casa, que es una casita pequeña con una buhardilla con otra buhardilla arriba, y por precios y porque no habían más, compré tres bombillos amarillos y uno de luz blanca. Todos ahorradores, porque estamos en el futuro.

Lo que he notado es que en el baño (que tiene pequeños ojos de buey instalados ya desde antes) y en la habitación de la buhardilla de arriba fue donde decidí poner la luz blanca, y siento que en ambos lugares con luz blanca me siento más triste, más lento, más con pereza. Cuando estoy en la luz amarilla, en la cocina, sala y “biblioteca” me siento más activo, con más ganas de hacer cosas.

Tan raro, siempre desde mi infancia creí que esa luz mortecina del bombillo incandescente era la culpable de la pobres y pereza mental que me ha acompañado toda la puta vida. Le metí la culpa, en mi último periodo de vida, también la luz.

Hay teorías completas de qué luz utilizar para trabajo, descanso, hogar y negocios. Libros completos.

Yo lo que creo es que a luz amarilla nos recuerda las cuevas de dónde nuestros ancestros vivieron y se protegieron. La fogata da una brillo que nos hace recordar nuestro hogar. Por eso la nostalgia de las viejas lamparas en Londres, alimentadas hace un par de siglos por aceite de ballena versus las luces leds que andan instalando las vías publicas de la capital del Reino Unido.

Por eso como y muchas veces leo en la parte de abajo de la casa y hago pereza arriba en el cuarto, por eso cuando llego activísimo dejo las luces apagadas y cuando ya estoy tranquilo y fresco, enciendo todo.

 

No sé si cambie de luz, o ponga velas o luces de navidad. Estoy en eso, en aprender mis emociones cuando se va el sol y quedamos solos con nuestros demonios.

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