24 de agosto, Requiem for Juan David

Mirándolo bien, no estoy tan mal, no estoy atrapado en deudas eternas (todo este apretón económico debe terminar en 6 meses a 1 año) y no soy hiperconsumidor ni tengo que estar a la moda, y nada de estar dedicando mi vida ni mi tiempo a una religión, y aún no me ha picado el “bichito” de la política, y soy autentico (porque original ni el primero que nació) y diferente, y resisto e insisto.

 

Pero viendo un docu muy bien hecho y lleno de luz, de verdades y pistas de por qué estamos tan tristes, pobres, solos, aislados y acusados: Requiem for the american dream, que no es otra cosa que una entrevista larga a Noam Chomsky, pienso en mi. En qué estoy haciendo, en qué no tengo plan, en que no tengo inspiración y estoy más bien perdido.

No estoy atrapado, y pensando en los 10 principios para la concentración de riqueza y poder de Chomsky, sí, tengo 34 años, y no creo en la democracia, no tengo partido estoy muy confundido qué es eso de partidos políticos, soy un excluido de la creación de riqueza (por decisión propia, siendo hijo de paisas que nos gusta el billete), siento que pago mucho al estado y me devuelvo poco, ya con las traiciones y desilusiones la solidaridad se ha ido apagando, y así no vista piense diga como la masa aún soy masa, me dejo fabricar gustos y antojos por la industria y termino comprando cosas en China donde explotan a los trabajadores, y me siento en el suelito de la casa como un marginado de la sociedad, sin amigos, sin rumbo sin objetivos.

No soy de la resistencia ni soy de la masa. No soy ni puta mierda.

Todo parece una misma queja, todos los días cuento un pedacito de mis desanimos y mis pocas esperanzas.
Mientras escriba es que no estoy vencido. Mientras piense que tal vez sea eso, ser nada, que mi vida cotidiana sea simplemente una anécdota y no importe estar en ningún circulo y no tenga deudas pero tampoco casa, porque lo realmente importante es que este bien, feliz, cada día más sabio y con mejor energía para hacer lo que mejor hago: ser un medio, un traductor, una persona que es capaz de hablar con el gamín y el doctor, el que puede conectar con un obrero pero también con un intelectual, el que tiene conocidos en la oficialidad y la oposición. Mi vida desaparece porque cedo mi tiempo para contar a otros, para echar las historias de gente que conozco y que inserto en mi ser y vomito convertida en planos y audios.

Es triste y poderoso a la vez: ser nada para hacer ver y sentir a otros como algo, como importante y trascendentes.

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