22 de agosto, pos eclipse

Ve, ayer me enteré del eclipse a las 2pm, y el fenómeno pasaba a las 2:37pm. No tenía información, ni gafas, ni estaba preparado psicológicamente. ¿Yo dónde estoy? ¿En otro mundo?

Salí afuera, a la manga de la casita del Carmen, y caminé bañado por una luz tenue, gris, sin ganas, bonita, extraterrestre.

No vi nada. Bueno, una foto linda, y una sensación de rareza, y ya.

foto eclipse 2017

Por Twitter vi fotos de gente que sí vió.

Y hoy, de esas cosas que llegan por redes sociales, me leyeron que el eclipse significaba un ciclo que termina, que empezó en el 2011, y era una prueba para graduarte. No sé de qué pero estuvo muy cruel el chiste. Valió la pena, toda la pena a pesar de muchas cosas, y sí salimos de esta más cocidos y adultos, preparados para ser grandes de una vez, pero fue dura dura.

Igual, todo muy esotérico y demás, y me pongo a revisar mis cuentas, deudas fijas, cosas dizque reales, y solo para vivir como arriendos, servicios, celular, tarjetas de crédito,  me quedan del sueldo del mes como 250 mil pesos. O sea, 125 al mes para pasajes y comida. Sin contar desodorantes, la ropa que tanto necesito desde hace años, y los lujos de Bob Marley que me doy.

Yo estoy bien, creo. No me voy a morir por tener poco dinero, hay gente que con eso viven y tiene hijos y van al estadio. Ya la discusión es qué es “vivir”. Sí la vida de ellos o la mía es más vida que qué. Lo que siento, además de que uno se enferma y se gasta 50 mil en dos días, y hay que ser padrino de un niño hermoso que se llama Joaquín y eso amerita ropa y regalos, y de remate, estoy pleno divorcio, un divorcio de pobres: sin nada más que el sueldo por negociar, y eso a pesar de ser poco, me acaba de enloquecer las cuentas de cada mes.

Yo estoy bien, solo imaginen a Sheldon Cooper respirando con la bolsa de papel. De resto, bien.

Iniciamos el nuevo ciclo: inviables económicamente.

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