20 de agosto, afuera suenan vallenatos

A lo lejos quiero decir. Suena la música de la discoteca veredal.

Hace dos noches, subiendo a casa en la oscuridad, volví a notar que hablo solo. Mucho. Saludo al vacío de la sala vacía de mi casa vacía, hablo con el perro que se atravesó cómo un loco la calle y le digo que se vaya para la casa, y le pido silencio al bichofue que canta en la terraza, le digo a la ciudad que cómo está de linda o sucia.

Lo hago como un puchero enternecido. Como cuando hablo con los gatos. Con los gatos que son los únicos que me han escuchado en mis tres momentos de gran soledad.

Hace mucho a los gatos, a mis gatos, cuando comenzaron a llegar a mi vida, los nombré simplemente: Garronchos. Para no llamarlos por su nombre, y para que sonará genérico, como una raza o familia, y me ahorrarme el trabajo de acordarme del nombre que le había puesto a cada uno. Garroncho, o en diminutivo.

Y sí, cuando llego a casa, en medio de la lluvia, sí, la garra, la negra es el ser vivo que me quiere, que me espera y me escucha y me soporta. “Garra cómo estás, yo bien. Cuántos años tienes, seis! Muchos, yo ya estoy viejito, y mojado…”. Masomenos esa es una de las conversaciones que puedo tener con la gata mientras me busca los pies para pegarme pulgas y llevarse la mala energía.

Lo que quiero decir, es que voy en la bicicleta, y le digo al garroncho de los buses, o sea al de Transmedellín, que qué bruto, y le digo al perroncho que está asomado por el balcón qué sí está triste porque parece, y cuando llego a casa y veo que está desordenada pienso en el garroncho de los barrancos o sea en la Momotus momotal que se anda metiendo a la casa a hacer daños.

“Perroncho”, “Pajaroncho”, “Loconcho”, sirve como lenguaje propio para nombrar un perro callejero o un pájaro que vuela o un loco que pasa. Y mi idioma es tan flexible que  “Garro del aire”, “Garro de la seguridad” o “garro de las verdades”, sirve para designar a un pájaro que come en mi cebadero o para pensar en un celador o para llamar en mi cabeza a un filosofo que dijo tal cosa.

Hablo todo el tiempo conmigo mismo y con las cosas. Les boto preguntas que yo mismo respondo. Saludos que nadie devuelve pero sirven para no olvidar mi voz. Monólogos de un pensador de bobadas.

Recupera tu vida

 

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