Ver ciclismo como enfermo

A falta de amigos, de proyectos y de parches, he elegido llenar mis vacíos pasionales con el ciclismo profesional.

viendo ciclismo, para blog
*Aquí hay una foto que demuestra que viendo dos carreras distintas en dos streamings piratas de baja calidad.

Hace unos años no lo veía con tanta pasión, debo reconocerlo. Pues desde la (pos)adolescencia, masomenos después de la muerte de Pantani y los triunfos sospechosamente autoritarios de Lance Armstrong, abandoné esa manía de estar solo pendiente de un radio y buscar en el periódico los pedacitos que le dejaba la prensa local al deporte de la biela. Fue desde el regreso de los colombianos a ganar en Europa lo que me tiene conectado y feliz viendo y aprendiendo cada día más cosas de un deporte humilde que lo corren apasionados y locos de todo el mundo.

Obviamente estoy exagerando en aquello de no tener amigos, ni proyectos y parches. Los tengo, pero muy pocos y débiles. No sé cómo hago para ver tanto ciclismo y aún tener trabajo y que la novia todavía me soporte. Ni idea.

Si miro el calendario de ciclismo del 2017, que inicia en Australia y América Latina en enero, creo que me he visto casi todas las carreras. La Santos Tour Down Under me la vi mucho en directo y otras en diferido. La Cadel Evans me la repetí en video. La vuelta a San Juan la vi por una peye de streaming. Los trofeos en las islas españolas me las vi en Youtube. Y así, infinitamente. De unas 50 carreras que me he visto en el 2017 (y estamos a marzo), muchas las vi en streamings ilegales, con un ojo en la pantalla y el otro en el trabajo. O me la “veo” por twitter y luego en youtube. O bajo los videos y me los repito en casa. O en televisión, las que dan, trato de estar ahí desde el inicio de la transmisión.

Y no estamos hablando que me veo el sprint (los últimos 100 metros de la carrera). Nada, me veo la carrera en vivo los kilómetros que pueda, y luego, sí es posible, me la veo en dos o tres idiomas y narraciones, y me las veo completas. “Full race” hay que buscar en Youtube, y si las carreras no son de franceses, normalmente están completicas. Si el video es de cuatro horas, mejor. Si tiene previa, mejor. La obsesión está llegado a proporciones alarmantes.

Ahora mismo mientras blogueo, aprovechando que la gente se fue del trabajo o para el trabajo y estoy en horas familiares, estoy viendo cada etapa de la Settimana Coppi e Bartali, una carrera por etapas, con duración de 54 minutos cada transmisión de etapa. Y son 5. Y antes de acostarme me veré la última etapa del Tour de Taiwan. Hagan cuentas.
Además, comento en foros y twitteo del tema. Y me gasto los datos móviles viendo carreras los domingos o cuando voy en el metro y no alcanzo a llegar al wifi y al computador.

Tengo un problema, lo reconozco. Estoy super enfermo de un deporte de minorías, que sus transmisiones televisivas son tremendos soporíferos, y debato apasionadamente en la calle/terraza/foros.

Pero mientras los colombianos sigan dando espectáculo y ganando, la enfermedad seguirá por mucho tiempo. Y como la combino con ir a pedalear, es mucho más bonita, porque veo a los belgas ir como locos por adoquines o a los colombianos atacando en subidas o a españoles atacado a 50 kilómetros de meta, y a salgo volando en mi pichurria de bicicleta por calles atestadas de carros, y me subo los puertos cercanos a muerte con el corazón en la mano, y me están entrando ganas de volver a hacer salidas largas donde uno se gasta 5000 calorías y queda como para que lo recojan con cucharita.

La vida es irse ocupando, distrayendo en cualquier cosa, mientras nos llega la muerte. Y yo elegí, entre muchas vainas, el ciclismo. Y me gusta un montón.

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