Spotify como repositorio de felicidad

No soy muy musical que digamos, porque nací en una familia que no es músical, y los abuelos tampoco lo eran, entonces no esperen mucho de mi al respecto.
No tuve un hermano mayor que me rotará un lp o caseto, pues yo era ese hermano mayor y solo conseguí en la adolescencia unos treinta discos de bandas distintas, y eso, más las dos emisoras del pueblo donde nací, y los disjockey de las cantinas, son el pozo de donde bebo para hablar, escuchar y querer la música.

Es más, soy un tipo silencioso. Aburridoramente silencioso. Tal vez porque todo el día estoy escuchando hablar a otros por mi oficio, y reescuchandolos mientras los edito, y viendo videos de gente hablando para escribir sobre ciertos temas, y la acción de hablar eso lo que me legó mi familia por punta y punta, a los gritos sí es necesario, con las manos como si fueramos italianos. Por eso, y por que soy un amargado, elijo el silencio primero que la música. Mal todo, lo sé.

Ahora, pues, hace un par de meses, después de olvidar por completo los casetos (que se los regalé a una novia), y ya utilizar pocas veces los 12 cidís donde quemé mi colección digital atesorada con maña año tras año creyendo que guardando bandas y músicos que ni conocía ni sabía pronunciar me iban a llenar ese vacío cultural de ser sordo (y para colmo, pobre), tengo una cuenta de Spotify premium (o sea paga), y estoy escuchando mucha música, tal vez valorando que estoy pagando por ello (así sean cuatro mil pesos al mes), o tal vez volviendo a ponerle banda sonora a los días, que a veces lo que necesitan es música para poder ser salvados.

Y los “favoritos” es Spotify son un repositorio de mucha felicidad. Uno le da play y es feliz. Es así de fácil: a un click está una dosis de felicidad, una melodía que te recuerda un momento, una letra o poesía que te hunde o te saque a flote. Música buena que cantarías en un karaoke.
La música es una característica de ese efecto que se inventó el creador del universo: una onda que se desplaza en el aire y golpea a la materia y le causa a todo un sistema de conexiones quimicas una orden de moverse, de llorar, de aplaudir o taraterear, mandan los pensamientos del lío cotidiano a la mierda, y ser un poco más feliz, sea lo que sea que signifique felicidad.

Tener favoritos es como llenar los casetes con canciones buenas, todas buenas, y marcarlo como: “varios”. No hay pierde, un “varios” son éxitos tras éxitos,no tiene pierde.
Yo tengo de todo, desde vallenatos, rap, flamenco, rock, cumbia, opera, punk, pop y Silvio Rodríguez.
Encontrar música buena ahora mismo en el año 2016, y a los 33 años, cuando ya no me acuerdo de lo que hicé ayer, es una tarea dura. Tocá volver a escuchar de todo, y escogerla nuevamente.

Para eso en la ciudad, mientras todos corren en sus auticos o moticos o con sus trajes perfumados y cuerpos cansados, escucho blues, jazz, pop de mujeres despechadas pero esperanzadas en el amor y por el amor. Es escuchar música a contraritmo. Y es un encanto. De verdad.

En el campo, con paisajes estáticos, con aves que cruzan el cielo, con niños que tiran a matar con caucheras o con señores que hablan en la mitad de una carretera destapada quietos y montados en sus motos modernas con frases como de otro siglo, escucho música alegre, ritmica, positiva, feliz, que sirva para ver deshacerse atardeceres coloridos o ayudar a que las frías mañanas de neblina se disuelvan con lentitud aceleradita.

Me gusta escuchar la música algo pasito con bafles, o para no molestar a nadie, con audifonos. A demás desde que escuché a Portishead un día por allá el año dos mil con unos audifonos Aiwa en un Walkman Sony, prometí escuchar la mejor música siempre con audifonos o encerrado en una habitación donde el sonido solo pueda escaparse por los odios del humano que está tumbado en la cama.

Lo malo es que boté los audifonos buenos, y los medio buenos con el sudor se andan como dañando, y en un par de días no habrá música que favoritear. Y creo que escribí todo esto solo porque debo comprar urgente unos audifonos.
¿Qué audifonos son buenos? (no importa el año que lea esto, la respuesta siempre sirve).
Los Earbuds (que me gustan pero no me aislan)? Los In-Ear (que son los que no me gustan pero son capaces de borrar el sonido ambiente)? Clip-ear (que son como para gente que no es orejona, o sea que yo no)? Inalámbricos (así podemos evitar que se dañen por el sudor)? Los de diadema (que aislan, pero creo que aislan mucho y generan calor)?
¿Cuál? ¿Cuáles?

One Comment

  1. Kh dice:

    Hermoso juan david hablando de música lleno de amores. Yo también ando escuchando en los peores, cuando sepa cuales son los buenos para escuchar esas ondas pegadito al oido, me invita a unos ¿si?

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